Escribir – con frases enteras – ¿Un ejercicio de diseño?

La frase entera es una de las reglas de juego para crear sanamente y disfrutando en equipo

« Sujeto más verbo más predicado. »

Puede parecer trivial, o incluso absurdo, repetir esto a nuestra edad… y sin embargo ¡no lo es!

Es curioso cómo pasamos por alto algo que aprendemos cuando somos niños, y que es una herramienta básica y fundamental, pilar de buenos resultados de proyecto: la frase entera.

En nuestros cursos y talleres, nuestros alumnos nos escuchan repetirlo orgullosamente siempre que es necesario: “¡Usamos frases enteras!”. Con su sujeto, su verbo, su predicado, y sin acrónimos, invitamos a escribir frases enteras o completas, con un lenguaje sencillo y claro, que permita que esta sea entendible « por todos ».

En el mundo del manejo de las ideas abstractas, conceptuales, complejas o, sencillamente, las ideas recién nacidas, las palabras son nuestra materia prima, nuestra materia de trabajo.

Detrás de las palabras enunciadas entre personas se esconde mucha riqueza y, al mismo tiempo, evitamos algún que otro mal entendido. A veces no nos atrevemos a preguntar sistemáticamente para no parecer “cortos”, otras veces dejamos escapar algo sin darnos cuenta, o quizá creemos que hemos entendido lo que quería decir el otro… y en algunos casos, simplemente no nos acordamos del sentido de lo que está escrito en ese pequeño papel de color pegado en la pared (un post-it, por ejemplo), y que va a ser el punto de partida del desarrollo de un proyecto en equipo. Una pena, ¿verdad?

Para co-crear sanamente (co-crear lo usamos para decir crear algo entre varias personas, preferiblemente de perfiles distintos), invitamos a recurrir a la frase entera para empoderar y enriquecer y alinear al grupo de personas que está creando en equipo. A veces es un pequeño equipo de diseño, un equipo de proyecto y a veces incorpora potenciales colaboradores que pueden estar involucrados en el desarrollo del proyecto.

Y es que buscar las palabras justas para definir de la forma más completa posible nuestras ideas es fundamental. Es difícil, exigente, requiere iteración, estar dispuesto a equivocarse y re-escribir, al mismo tiempo es apasionante y puede ser divertido.

Así, formular y escribir una idea nos parece un acto de creación fundamental, ya se trate de un trabajo de diseño, de la creación de una solución, un nuevo servicio o un nuevo producto. Trabajar realmente en equipo, con la intención de crear juntos, necesita esta « higiene » capaz de vencer nuestra pereza de escribir, así como nuestro gusto por los acrónimos y los tecnicismos propios a cada área de trabajo. Para crear juntos y enriquecernos, la frase entera es nuestra herramienta. 

Lo que se pretende es integrar a los distintos miembros y enriquecer la visión común con la variedad de conocimientos y la visión de cada uno. Por ejemplo, si dejamos en un post-it escrito:

  • objetivo seducir »

¿Qué crees que puede pasar? Piensa que al día siguiente llega otra persona que no estuvo en la reunión y entiende « tenemos que seducir a un nuevo público », mientras que la persona que puso el post-it quería decir:

  • Nuestro objetivo para el 2017 es seducir a las personas que llevan toda la vida con nosotros y están aburridos, queremos reconquistarles, acercarnos a ellos y hacer que tengan ganas de acercarse a nosotros. »

¿Ves la diferencia? Y aún así queda mucho por definir. Todo esto obviando los problemas de vocabulario o uso de acrónimos cuando trabajan personas que no suelen usar el mismo lenguaje.

Es cierto que no siempre es evidente y que, muchas veces, cuando estamos en una sesión de trabajo colectiva todo va muy rápido y no queremos cortar el flow (flow entendido como un estado en el cual las mentes fluyen y la “energía creativa” de las personas está funcionando a máximo rendimiento). Al mismo tiempo, « perder este tiempo » y esforzarse en escribir enriquece muchísimo, incluso a la misma persona que escribe lo que tiene en su mente.

De hecho, hay que reforzar este aspecto: hacer el esfuerzo de formular de forma completa lo que estamos pensando o diciendo, tiene también mucho que ver con la importancia de concretar, de especificar, de aterrizar nuestras ideas. Una excelente profesora que tuvimos decía « Lo general y lo abstracto suele generar dolor y frustración. Lo que es accionable es lo especifico, lo concreto ». Creemos firmemente que se puede aplicar muy bien tanto al campo de la ideación, como a cualquier contexto.

Al escribir una frase entera me esfuerzo en concretar más aún mi pensamiento, haciendo mi idea más potente. Esto, además, puede inspirar y ayudar también a mis compañeros.

Así que te invitamos a ayudarte, a ayudar a tu equipo y a crear con más potencia usando esta herramienta tan sencilla, que no tiene derechos de autor ni licencia: la frase entera.

Nota sobre las autoras: Charlotte Schoeffler y Marina Fornes son Creativity Boosters & Founders en in-mocion.co

Recuerdo qué dijo pero no quién lo dijo

Tomaso, P. 2016. Imagen recuperada de www.unsplash.com

Tomaso, P. 2016. Imagen recuperada de www.unsplash.com

Aunque parezca mentira, muchas veces acordarse de quién dijo aquellas ideas que te inspiraron  para desarrollar tu trabajo es casi igual de importante que acordarse de la idea en sí. Citar las ideas de los demás es muy importante para apoyar tu trabajo o enmarcarlo en los actuales marcos teóricos. Sin embargo después de un tiempo leyendo y leyendo es fácil acordarse de las ideas en sí, pero no tanto del autor y el año de publicación.

Buscar en las carpetas donde guardas tus artículos no ayuda, tu bibliografía esta desperdigada en un sin fin de carpetas de diferentes trabajos o clientes, e incluso entre tu ordenador y tu disco duro externo. Pierdes cantidad de tiempo y a veces ¡Ni encuentras lo que buscas!

Tus citas y tu bibliografía dan fuerza y credibilidad a tu trabajo ¡No desistas en citar correctamente, con Mendeley es solo cuestión de un click!

Mendeley es un gestor bibliográfico, te ayuda a encontrar tu bibliografía, ordenarla, citarla, así como a insertar y formatear tu lista de referencias. Desde que empecé en investigación, he utilizado diferentes gestores (refworks y endnote).

Mendeley es muy intuitivo y además gratuito! Os cuento cinco cosas que Mendeley puede hacer por vosotros:

Uno. Un simple click en “Save to Mendeley” desde tu navegador web (una vez estás en la página de la revista o directamente desde Google Académico) descarga el artículo y lo almacena en tu nube de Mendeley.  Solo tienes que descargar el plugin de Mendeley para tu navegador web y comenzar a almacenar tus artículos en la nube (mas información aquí).

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Ventaja: Olvídate de tener tu información en diferentes carpetas o en tu disco duro externo. Con esta opción acumularás todo lo que leas en un solo lugar, y ¡No ocupa espacio en tu ordenador! Además, guarda los metadatos del artículo lo que te permite citarlo fácilmente (ver siguiente punto).

Dos. Citar se convierte en un placer. Mientras escribes tu documento puedes buscar la referencia entre todos tus artículos en Mendeley sin salir de Word (mas información aquí).

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Ventaja: Si eres constante y citas de esta manera, cuando hayas acabado de escribir tu documento, podrás crear tu lista de referencias; solo será cuestión de un click. Después de 4 años utilizándolo aun “me da gustito” cuando hago click en insert bibliography.  

Tres. Olvídate de cargar con discos duros donde almacenas tu bibliografía. Puedes acceder a toda ella con Mendeley desktop sin necesidad de tener acceso a internet.

Ventaja: también tienes la opción de subrayar y dejar anotaciones sobre el documento y así tenerlas a mano allá donde estés.

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Cuatro. ¿Estás trabajando en equipo? Mendeley también es una red social para estar en contacto y compartir bibliografía con personas que comparten tus intereses. Puedes crear un grupo público o privado desde Mendeley desktop.

Ventaja: todo el grupo tendrá acceso directo a la bibliografía que escojas. Para ti será fácil (no tienes que esperar a que se carguen los PDFs a la plataforma que acostumbres a usar). También para ellos/as será más fácil porque tendrán las referencias y sus metadatos en su bibliografía Mendeley.

Cinco. El último punto es un uso que me parece especialmente útil en el proceso de escribir. Mendeley desktop tiene el típico buscador por palabras clave. Puedes escribir lo que buscas y ver los resultados. Mendeley desktop busca las palabras que escojas dentro del texto del artículo.

Un ejemplo: había leído algo sobre “community-based management” en “portugal”. Si utilizo estas palabras en el buscador de Finder no obtendría ningún resultado porque grabo mis artículos con el nombre del autor y el año. En Mendeley lo encuentro fácilmente en cuestión de un par de minutos sin tener que recorrer una multitud de carpetas y abrir y cerrar PDFs.

Espero que os sean útiles estas “tips” y que os animéis a utilizar Mendeley. Es muy intuitivo pero si tenéis cualquier duda os invito a que me escribáis.

¡Que disfrutéis citando!

Nota sobre la autora: Marta Nieto Romero es investigadora en la Universidad de Aveiro, Portugal.

El Archivo de Germaine Greer

Fuente: Jim Wilson/The New York Times

Capítulos del libro “Tatiana” de Martín Cruz Smith cuelgan en su oficina. Fuente: Jim Wilson/The New York Times

Lecturas de verano en Materia Prima: Tatiana, (2013) de Martin Cruz Smith. Desde que lo descubrimos con Tiempo de lobos (2004), Cruz Smith forma parte de nuestro particular cuarteto de escritores y escritoras favoritos de novelas policiacas (con Harlan Coben, Lindsey Davis y Alicia Giménez-Bartlett).

Tatiana es la octava novela de la serie protagonizada por el detective ruso Arkady Renko, quien en esta ocasión investiga en Moscú y Kaliningrado el presunto suicidio de Tatiana, una periodista con numerosos enemigos por sus denuncias de casos de corrupción. Un traductor ha sido asesinado tras ofrecer a Tatiana cierta información; una banda mafiosa trata de averiguar el contenido de su libreta de notas, redactada por el intérprete siguiendo un código personal en apariencia ininteligible.

La novela contiene escenas ingeniosas: vigilados por un mafioso, una pareja de jóvenes ajedrecistas parece a punto de descifrar la libreta. El gángster se ofrece a colaborar en la tarea, a condición de que ambos le ayuden a completar el crucigrama con que se entretiene: será él quien dé con una de las claves que permitirán desvelar el significado de las misteriosas notas.

Fuente: Getty Image

Fuente: Getty Image

La historia imaginada por Cruz Smith nos ha recordado una noticia que apareció a principios de agosto sobre el archivo de la escritora y teórica feminista Germaine Greer: 500 cajas de documentos que hoy son propiedad de la Universidad de Melbourne. Los archiveros se han encontrado con que una parte considerable de los trabajos de Greer (unos 600 originales; entre ellos, un libro inédito sobre la que fuera primera ministra británica Margaret Thatcher) corren riesgo de resultar tan indescifrables como las notas del traductor imaginado por Cruz Smith: no porque Greer utilizase ningún código secreto para redactarlos, sino porque lo hizo utilizando soportes (cassettes, floppy-disk), programas informáticos y ordenadores (un Mac Powerbook G4 y un iMac G5, que dejaron de fabricarse en 2006) hoy obsoletos.

Un libro puede conservarse durante cientos de años, pero la vida útil de las grabaciones digitales (diskettes, CD, Blu-Ray, memorias USB) se estima en unas pocas décadas. Acceder al contenido de cualquier documento redactado con un procesador de texto de los que se utilizaban en los años 90 del pasado siglo representa un auténtico desafío. Por lo demás, nadie se atreve a aventurar la longevidad de los datos que hoy empresas y particulares guardamos “en la nube”. En el caso de los archivos de Greer, como en la novela de Cruz Smith, los archiveros australianos han recibido la ayuda de un insólito (y éste sí, perfectamente presentable) colaborador: una agrupación de voluntarios aficionados a los videojuegos. Empeñados en salvar del olvido al venerable comecocos y otros fósiles que poblaron los ordenadores durante los años heroicos de la informática, sus miembros se dedican a diseñar complejas herramientas que permiten transferir viejos archivos digitales a formatos reconocibles por los ordenadores actuales.

Sibilino, na

Siempre quisiste utilizar más la S en tu vocabulario porque es sofisticada y sensual pero, por una cosa u otra, lo has ido dejando.

Este mes de septiembre con ABCtario, tienes otra oportunidad.

Estrenamos sección con: Sibilino, na. adj. Misterioso u oscuro, a veces con apariencia de importante. (RAE).

Sibilino, na. ABCTario

Digo que lo de Rajoy es más sibilino porque emponzoña sin gritos. Como los más antiguos del lugar suelen decir, no fiarse de lo que encubren las aguas mansas. Maruja Torres, “Entre Mr. Chance y Bitelchús”, Zona Crítica de eldiario.es, 28 mayo, 2015.

ABCtario

ABCtario

Este curso no queremos que te quedes fuera de ninguna conversación.

Te invitamos a la lectura de ABCtario: para progresar adecuadamente en reuniones profesionales, y sorprender a familiares y amistades a partes iguales.

Cada mes publicaremos sabrosas palabras para aumentar tu gusto por la conversación.

¡Nunca aprender palabras fue tan sencillo!

Me llamo

¿Nos lee usted en casa? Sí: continúe leyendo. No: deje este post para otro momento.

¿Quiere iniciarse en la filosofía? Sí: continúe leyendo en una habitación donde pueda hacer algo de ruido sin que se enteren sus vecinos. No: ha sido un placer; vuelva por este blog cuando quiera.

me_llamo

Ya estamos en la habitación adecuada. Siéntese en el suelo. Guarde silencio.

Antes de empezar, un inciso (“disclaimer”, que se dice ahora por “curarse en salud”). Esta idea no es nuestra. Se la copiamos al filósofo francés Roger-Pol Droit, que ha escrito un libro en el que describe otras 100 por el estilo.1

Vayamos a la tarea: pronuncie su nombre en voz alta. Varias veces. Haga una pausa.

Repita de nuevo su nombre; levante un poco el tono de voz. Como si llamara a una persona que estuviera en la habitación contigua y que no se diera por aludida. Insista. Haga una pausa.

Tercer intento: vuelva a llamarse. Imagine que la persona a la que llama se encuentra esta vez en el extremo opuesto de la casa y sigue sin prestarle atención. Insista.

A estas alturas, es probable que su nombre le parezca una palabra un tanto extraña, por la sencilla razón de que usted nunca se llama a sí mismo. Son los otros quienes le llaman por su nombre. Esa palabra, su propio nombre, no le pertenece a usted, sino a los demás: cuando la oye, de forma automática asume la presencia de otra persona… que ahora no está.

En Materia Prima pensamos que con nuestras ideas sucede algo parecido: cuando las exponemos de viva voz ante otras personas, pasan a ser extrañas. Hasta ahora no habían salido de nuestra cabeza, y allí parecían todas perfectamente organizadas y bien avenidas entre sí.

Sin embargo, sólo cuando las decimos ante otras personas («cuando se van de casa») nuestras ideas se hacen adultas: porque las audiencias las hacen suyas, las adoptan o contradicen, aprecian sus cualidades o arrugan la frente ante sus inconsistencias. Nos toca defenderlas. Y a veces, llamarlas al orden y revisarlas.

Por eso nos parece tan importante conocer las técnicas para hablar en público con un estilo claro y eficaz, que sea un reflejo de la persona que habla: porque es el mejor modo de hacer que nuestras ideas se hagan adultas  y comiencen a valerse por su cuenta y a «funcionar» para el objetivo que imaginamos.

Y ya puede dejar la habitación; pero antes de salir, diga en alta voz: «¡Sí, ya voy!»

  1. Roger-Pol Droit, 101 experiencias de filosofía cotidiana, ed. Blackie Books. ↩︎

La Compañía Blanca

Sólo algunos aficionados recuerdan hoy “La compañía blanca” una novela ambientada en plena Edad Media y publicada en 1891.  

Sin embargo, es posible que nueve de cada diez personas a quienes preguntemos conozcan el personaje del detective Sherlock Holmes.IMG_5657

Tanto “La compañía blanca” como las historias de Sherlock Holmes surgieron de la imaginación de una misma persona: el médico y escritor escocés Arthur Conan Doyle (1859–1930).

Conan Doyle creía que las aventuras de Sherlock Holmes eran historietas de escaso interés (aunque muy bien pagadas), que le privaban del tiempo necesario para escribir obras que consideraba mucho mejores… como “La compañía blanca”.

Han pasado más de cien años: las aventuras de Sherlock Holmes continúan en las librerías y se han adaptado en multitud de ocasiones para el cine y la televisión. Y por otra parte… «¿”La compañía blanca”, dice usted? No me suena…»

Podemos pensar que sus lectores fueron mejores críticos que el propio Conan Doyle.

Nunca es una pérdida de tiempo contrastar nuestras ideas: comunicarlas y examinar lo que otros opinan sobre ellas, para conocer su auténtico interés y obrar en consecuencia.

¿Y si aquella idea a la que tenemos tanto cariño es nuestra particular “Compañía blanca”, y nos está impidiendo dedicarle al Sherlock Holmes que también nos ronda por la cabeza el tiempo que merece?

¿Cómo salir de dudas? Desde Materia Prima lanzamos una propuesta: hablemos, todas las personas tenemos algo que decir. Y cualquier idea necesita el aire fresco que sólo proporcionan una exposición en público y un debate.

Por descontado que podemos comunicar nuestras ideas por otros medios: pero su exposición de viva voz frente a un grupo de personas nos permite observar de inmediato la reacción de nuestro auditorio; por no hablar de que a continuación (si se le invita al diálogo) nuestra audiencia puede, con sus preguntas, señalar los puntos menos elaborados de nuestro discurso… o la excelencia de un aspecto que hemos menospreciado en beneficio de aquella otra idea que nos caía más simpática, pero a la que el “aire fresco” de la exposición pública y el debate no le han sentado tan bien…

Y por si sentís curiosidad: la editorial Valdemar publicó en castellano “La compañía blanca” hace algunos años; y la verdad es que se trata de una novela de aventuras bastante entretenida. Dos ex monjes y un arquero se alistan en la Compañía Blanca y viajan a España para… «Y hasta aquí puedo leer», como decían antes en la tele.